jueves, 22 de julio de 2010

Tartaletas de calabacín amarillo

Vivimos en un mundo de locos, en el que la mayor parte del tiempo ignoramos esos matices, detalles, sensaciones y sentimientos que nos hacen sentirnos más vivos. Carreras, trabajo, rutinas, prisas... Pasan los días y uno, inmerso en esa gran rueda que gira y devora, no se da cuenta de los importante que es respirar hondo y dejar la mente en blanco.


Hay muchas cosas que hacen que ponga de nuevo los pies en el suelo, que pare en seco y respire siendo consciente de cómo el aire entra y sale, de sus aromas... Eso me pasa por ejemplo, cuando con este calor una se sube al coche, sale de la capital y recorre unos pocos kilómetros, abre la ventanilla y recibe como una intensa bofetada el olor a la tierra mojada, el sonido del regadío en los campos de maíz... ya estoy en casa! Supongo que cada uno tenemos un olor que nos lleva a la infancia o un sabor que nos dice que hemos vuelto.



Así que no hay mejor terapia que parar, respirar y viajar con el cuerpo o con la mente a ese lugar en el que cada uno puede permitirse el lujo de perderse... ese mundo que permite hacer una recarga instantánea, ese momento íntimo y personal con uno mismo...


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Este mes, Mónica de Tentaciones para todos es la anfitriona del HEMC #46 y ha propuesto como tema "Delicias para fiestas" que permite un amplio abanico de posibilidades, sobre todo en lo que a propuestas saladas se refiere y esta es la mía, unas tartaletas de calabacín amarillo deliciosas, suaves y fáciles de preparar. La ventaja es que se pueden comer tanto frías como recién salidas del horno, en formato individual o con una masa quebrada en formato grande.

Hace ya varios meses que no participo en el Hemc, las prisas me llevan de cabeza, así que este mes no podía dejarlo pasar a pesar de llegar casi en el último minuto.

Ingredientes
Un paquete de obleas de La Cocinera
Un calabacín amarillo
30 g de mantequilla sin sal
Una cebolla
100 g de nata espesa
2 huevos grandes
sal y pimienta blanca
Queso en polvo



Preparación.

Lavamos bien los calabacines y los rallamos. Los ponemos a escurrir al menos durante veinte minutos para que suelten todo el agua. Mientras precalentamos el horno y vamos forrando moldes de tartaletas (yo los uso de usar y tirar) con las obleas.

En una sartén ponemos la mantequilla y rehogamos la cebolla lentamente, hasta que casi esté pochada, cuando esté en este punto añadimos el calabacín. Lo dejamos rehogar cinco minutos y reservamos hasta que se temple.

En un bol batimos los huevos, añadimos la nata y le ponemos la mezcla de calabacín y cebolla. Salpimentamos y con esta mezcla rehogamos las tartaletas. Ponemos un poco de queso por arriba y al horno hasta que veamos que están doradas.

martes, 13 de julio de 2010

Tarta de queso y yogurt de maracuyá

Calor, calor y más calor... es lo que toca y estos días que estoy de vacaciones me cuesta ponerme delante del ordenador, me cuesta actualizar el blog y también comentar, así que mil disculpas, pero en breve vuelto a trabajar así que volveremos a la normalidad ;). Eso sí, estos días me están viniendo estupendamente para hacer esas recetitas pendientes, esas que necesitan levados, tiempo y atención.



Con este calor los postres fresquitos son casi una obligación y esta tarta de queso y yogurt de maracuyá cumplió perfectamente con este cometido. Tiene un sabor muy suave y es muy rica, aunque la próxima vez le pondré una o dos láminas menos de gelatina para que quede cremosa. La receta base es de la tarta de yogurt y frutas del bosque que ya publiqué hace tiempo y que copie a María José, del fantástico blog Dit i fet. En cuanto vi su receta sabía que me iba a encantar y cuando en el momento de probarla mi imaginación ya empezó a darle vuelta a nuevos sabores y combinaciones.

En este caso en lugar de pisos la hice más baja y a la crema de yogurt le añadí queso en crema. A todos les gustó mucho, así que habrá que ir probando más sabores.



Ingredientes:


Plancha de bizcocho
3 huevos
100 gr. de azúcar
100 gr. de harina

Crema de yogurt y queso
9 hojas de gelatina (queda compacta, si se quiere más cremosa quitar un par de hojas)
500 gr. de yogurt con trozos de melocotón y maracuyá
200 gr. queso en crema
100 gr. de nata líquida
100 gr. de azúcar
250 gr. de nata para montar (admite hasta 300 gr. si se quiere más alta)
Chocolate negro de cobertura para decorar



Empezamos con la plancha de bizcocho, para hacerla precalentamos el horno a 180º y forramos una bandeja con papel de horno. Batimos los huevos con el azúcar hasta que espumen y doblen su volumen y añadimos la harina tamizada. Lo mezclamos bien con movimientos envolventes y lo ponemos sobre la bandeja. Metemos en el horno entre 8 y 10 minutos, no necesita más. (Esta base se puede sustituir por una de galletas con mantequilla, que no le iría nada mal, la verdad)

Para hacer la crema ponemos la gelatina a remojar en agua fría. Mientras mezclamos el yogurt con la nata líquida, el queso y el azúcar. Separamos un poquito de esta mezcla y lo calentamos un poco (en un cazo o en el microondas) y diluimos en ella la gelatina. Incorporamos esta mezcla a la crema de yogurt y lo reservamos en la nevera para que cuaje un poco.

Mientras cuaja un poco la crema montamos la nata y una vez que vemos que la crema va cuajando la mezclamos con la nata montada en movimientos envolventes. Mezclamos bien hasta que está integrado.

Para el montaje de la tarta ponemos en un molde redondo el bizcocho (se puede empapar con almíbar, leche, etc.) y ponemos encima la crema. Metemos en la nevera y dejamos reposar al menos 6 horas. Queda fresquita y rica si un rato antes de servir la metemos en el congelador.

Desmoldamos la tarta y le ponemos el chocolate de cobertura que habremos derretido en el microondas o ponemos la decoración que queramos.
jueves, 8 de julio de 2010

Crumble de albaricoques y frambuesas (Cooking Challenge)

Un nuevo reto de las Cooking Challenge me trae una receta desconocida en mi cocina. En esta ocasión ha sido Lourdes, Pikerita, la que ha propuesto hacer un crumble para el mes de julio, un postre de esos que no son muy vistosos pero que son toda una delicia para el paladar, de esos que tras el primer bocado no puedes parar. Y lo mejor de todo es que es muy sencillo de hacer y da mucho, mucho juego.

El crumble es una especie de pastel que se hace con frutas que se cubren con una mezcla de harina, mantequilla y azúcar. Un postre inglés que tiene múltiples posibilidades ya que se puede hacer con todo tipo de frutas ácidas y se puede acompañar de natillas o helado.





Es bastante habitual que el crumble se sirva caliente o templado, contrastando con el frío de un buen helado de vainilla. En este caso yo lo preparé de albaricoque y frambuesas, siguiendo una receta de Pierre Hermé que me envió María José y que ha sido un gratísimo descubrimiento.

Si quereis disfrutar de los crumbles de las otras Cooking Challenge, aquí los tenéis: Pikerita, Dit i Fet, Los cerezos en Flor, CocinArte, La Quinta de Luculus, El olor del café


Ingredientes

250 gr. de masa para crumbles
1 kg. de albaricoques frescos
125 gr. de frambuesas
80 gr. azúcar en polvo
40 gr. de mantequilla
Zumo de un limón
Pimienta negra recién molida


Masa para 500 gr. de crumble
125 gr. de mantequilla fría
125 gr. de azúcar en polvo
2,5 gr. de sal fina
125 gr. de harina
125 gr. de almendras molidas


Preparación

Lo primero que hacemos es preparar la masa para crumble. Cortamos
la mantequilla en trocitos de unos 1,5 cm y los ponemos en un cuenco con el azúcar, la sal, la harina y las almendras. Lo mezclamos y lo amasamos hasta obtener una sémola gruesa. Lo metemos en la nevera mientras preparamos el resto de los ingredientes.

Derretimos la mantequilla en una sartén grande antiadherente. Ponemos en ella los albaricoques deshuesados con el azúcar y dejamos que cueza tres minutos. Añadimos el zumo de limón y la pimienta y lo mezclamos todo.

Ponemos los albaricoques en una bandeja de horno de 20cm de largo. Espolvoreamos con las frambuesas y luego con trozos de masa de crumble. Sete en el horno precalentado a 170º durante 20 minutos.

Se puede servir tibio o frío en este caso, yo lo he servido frío con helado de vainilla y estaba buenísimo.